Qué se hace una mañana
en que ves amanecer
y la vida es una larga
caminata por hacer
Qué se hace qué se hace
sino acaso respirar
y con tu sorbo de aire
levantarte y caminar
en que ves amanecer
y la vida es una larga
caminata por hacer
Qué se hace qué se hace
sino acaso respirar
y con tu sorbo de aire
levantarte y caminar
Silvio Rodríguez
El hombre es un ser en camino. La vida es camino. Un camino del que poco sabemos qué nos depara, incluso en sus proximidades. Un camino que es eterno horizonte, que se descubre a medida que lo vamos recorriendo.
A veces, pareciera que el camino es circular. Que no avanzamos. Citando a Albert Camus: "Levantarse, tranvía, cuatro horas de oficina o de taller, comida, tranvía, cuatro horas de trabajo, descanso, dormir, y el lunes-martes-miércoles-jueves-viernes-sábado siempre al mismo ritmo, siguiendo fácilmente el mismo camino casi siempre. [...] Todo vuelve a comenzar en medio de ese cansancio teñido de admiración". Este eterno retorno que nos da una ilusión de eternidad...
¿Tiene sentido vivir una vida así? es la pregunta que se impone. ¿Tiene sentido que me convierta en una pieza más de la maquinaria que parece ser la realidad? ¿Dónde queda mi yo, esa individualidad, esa novedad que me hace único e irrepetible? Una vida así me resulta invivible. Quien transita el camino de la rutina interminable termina no siendo un alguien sino un algo... o peor, en un monstruo, un alienado... porque las cosas -los "algos" por naturaleza- al menos cumplen con su misión, no necesitan nada más. Pero un hombre convertido en algo, siempre mantiene, aún recónditamente, la conciencia de que vive a medias, una insatisfacción existencial que no lo deja en paz, la voz de la voluntad de ser más -la voluntad de poder bien entendida-.
Pero el extremo opuesto, la libertad absoluta, ¿será tanto más vivible? ¿Puede el hombre vivir en la plena conciencia de su contingencia y finitud? Desde la teoría, pareciera que sí. Desde la práctica... imaginemos un relato alternativo al de Camus: "Levantarse ¿o no? ¿con qué fin? Bueno, me levanto. Subo al colectivo para ir a la oficina y pasar 8 horas entre papeles. Pero, ¿qué sentido tiene eso? ¿Qué me obliga a hacerlo? De hecho,¿Cómo sé si voy a llegar? Que el conductor siga el recorrido habitual sería rutinario... Bueno, el hecho es que llegué. Logré trabajar toda la jornada y volver a casa a descansar... me estoy por ir a dormir... ¿A dormir? Si soy absoluta libertad, ¿cómo puedo irme a dormir, "seguro" de que me voy a despertar? ¿Puedo descansar sabiendo que sólo hay un 50% de probabilidades de que despierte y siga adelante?". Imposible. Invivible. Aterrorizante.
Vivir en la rutina más absoluta nos deshumaniza. Pero vivir en la libertad más radical, nos paraliza... y si nos paralizamos, morimos. Sólo la confianza en ciertas rutinas, en ser parte de ciertos "mecanismos", nos permiten seguir adelante. Si la vida es un camino que se nos revela como eterno horizonte... solamente la convicción de que al dar un paso nos encontraremos con más camino por andar nos permite el movimiento. ¿Quién daría el paso siguiente, si pensara que frente a él puede abrirse el abismo más insondable, y que uno caería inevitablemente?
¿Entonces? No sé si hay una respuesta. Por el momento, no tengo una que me parezca satisfactoria. Tal vez, la mejor sea la del mismo Camus: “Comenzar”, eso es importante. [Porque] inaugura al mismo tiempo el movimiento de la conciencia.
1 comentario:
La balanza de cada uno tiene que estar equilibrada, ningún extremo es bueno. Creo que está bien que sea de esa manera.
Saludos~!
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